El empleo en León Este, ni parados, ni andando

Jaime Rebollo, Villacalabuey FOTO:DL

Cada vez se come menos pan. Hay menos gente para comerlo. Pero David Vallejo sigue levantándose a las cuatro de la madrugada para amasar y arrojar el horno de leña. Desde primera hora su furgoneta reparte por nueve pueblos del entorno de Villacalabuey. Un día la mitad, otro día la otra. «Hoy no he sacado ni para el gasóleo».

Y eso que los Vallejo son un caso excepcional. Siete hermanos herederos de un negocio familiar, que se complementa con un mesón en Sahagún. Los siete trabajan y viven del horno y los fogones en el municipio que tiene el menor índice de paro registrado sobre su población en la provincia. Dos desempleados en las listas oficiales, que demandan un puesto de trabajo en el sector servicios, sobre una población total de 188 habitantes.

Apenas sobrepasada la veintena, David se levanta de noche, hornea con dos de sus hermanos y acomoda el pan en una moderna furgoneta, que distribuye en un ordenado equilibrio de lineales de productos básicos: leche, zumos, yogures, colacaos, galletas,.. No quiere cambiar de trabajo, ni vivir en otro lugar. Y eso que jóvenes, a parte de sus hermanos, apenas hay otro amigo que ha encontrado empleo en las catas de almacenamiento de CO2, y uno más en un taller de León. Otra mujer trabaja también en la limpieza en las catas.


No es el único panadero cuya bocina rompe el silencio excesivo en las calles de la comarca. «Aquí, ni parados ni andando. Nunca ha habido mucha actividad, pero cada vez hay menos gente. Los labradores viven bien, si se paga el grano como el año pasado, claro». Bonifacio Gómez lleva 30 años llevando el pan desde Saldaña en días alternos.
Jóvenes en edad, disposición y deseo de trabajar. El sueño de cualquier pueblo. Más en una provincia acosada por el envejecimiento y la huida de cerebros y manos en edad de producir. Pero el sueño se ha tornado pesadilla. Al abrigo de viviendas más baratas y distancias asumibles, los municipios colindantes con las poblaciones más abultadas plaudieron la llegada de nuevas parejas, jóvenes recién emancipados. Personas con toda una vida para crecer y producir.

Pero galopa el paro. La primera preocupación de los españoles se ceba en las poblaciones jóvenes. La línea gruesa del desempleo rompe en dos la provincia con un trazo claro: El Sureste, llanuras envejecidas, aferrado a una agricultura que tiene en la modernización y los regadíos (por fin) el ancla que aferra la única actividad con presente (quién sabe si con futuro) que fondea a un mínimo de productores cuyo mapa de mareas va y viene entre las tierras de producción y las cabeceras de comarca, donde hacer vida social.

La provincia tiene una población total de 497.799 habitantes, según los últimos datos del padrón, y una población activa (de más de 16 años) de 418.800 personas. De ellas 214.200 son inactivas, casi 142.000 porque ya están jubiladas.

En realidad, según la Encuesta de Población Activa (EPA), hay en León 204.500 personas realmente en disposición de trabajar (un 41% de la población total). De ellas, únicamente 171.800 están ocupadas, un 34,5% del total.

La cifra de parados registrados en los Servicios Públicos de Empleo superó en diciembre los 40.000 (40.001, para ser exactos). Más de la mitad del sector servicios, 971 de agricultura y 5.341 que siguen buscando un primer empleo. El total de trabajadores afiliados en los distintos regímenes de la Seguridad Social suma 165.458 personas. Más o menos, los puestos de trabajo disponibles.

Pero más allá de estadísticas oficiales y tasas generales, resulta revelador el diseño de un mapa que dibuja cómo convive cada uno de los municipios leoneses con su bolsa de parados oficiales. Cuántos desempleados registrados en las listas del antiguo Inem soporta cada uno de estos municipios sobre el total de su población, y cuáles son las causas que han llevado a cada situación.

Los resultados desvelan de inmediato evidencias apabullantes. Catorce de los veinte municipios con más parados registrados sobre su población total están en El Bierzo. Arganza a la cabeza, Cacabelos inmediatamente después. Su alcalde, Adolfo Canedo (PP), explica que en los últimos 15 años la población ha crecido en más de un millar de habitantes porque muchos jóvenes han buscado allí viviendas más baratas. Y no han ido a trabajar el campo, la actividad tradicional de la zona. «Trabajan sobre todo en los servicios, y muchos de ellos en la construcción. Están muy especializados en el yeso, por ejemplo. Y todo eso ahora está parado».

Canedo lamenta la situación: «No tienen salida, algunos intentan poner algún negocio pero sin futuro, porque todo está parado, hasta el sector público destruye empleo. A corto y medio plazo no hay expectativas y muchos comienzan a estar desesperados».

Alvaro Cid, Escobar, FOTO:DL
Segundo Velasco
En el lado opuesto de la balanza, los municipios que no conocen el paro. La mayoría, poblaciones en vías de desaparición, donde los habitantes se cuentan por jubilados. Aunque hay excepciones llenas de vitalidad. De los cuatro municipios leoneses que no tienen ningún parado registrado Escobar de Campos, en la frontera Sureste de la provincia, es el más pequeño con 54 habitantes. Trabajan tres, uno a punto de jubilarse y sólo un joven, Álvaro Cid, de 26 años. Se ha quedado en el campo por vocación, tiene tierras en cantidad suficiente como para sacar rendimiento al cereal y hasta un empleado. «Si mantienen las subvenciones, o nos pagan lo que vale producir, que es más difícil, tengo intención de ampliar la explotación. Quizá pueda contratar a otra persona».

El otro trabajador del municipio es el alcalde, Segundo Velasco (PP), que a mayores se encarga de servir el bar «inaugurado» en el nuevo edificio de servicios múltiples del pueblo los fines de semana. Eso y la visita semanal del médico, los martes, son las actividades que rompen la rutina en Escobar.

FUENTE:
«Ni parados, ni andando» ( Diario de León - 26/01/2012 )


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