Los Concejos o Juntas Vecinales, RESISTIR O MORIR

No son estos buenos tiempos para defender principios, ya que parece que incluso éstos, han de sacrificase en aras de, no sé si la salida o la escapada de la crisis económica.

Todo parece revisable; el funcionamiento de las instituciones y hasta su existencia, los principios que parecían regirnos o incluso los modos seculares de organizar nuestra vida.


Lo lamentable es comprobar como todo se sacrifica a las exigencias de los mercados, los derechos de los ciudadanos están en almoneda, como si afirmásemos que tenemos los derechos que podamos pagar, mientras se afanan en que de una u otra forma, cada vez podamos pagar menos.

La cosa es que nuestros gobernantes están buscando dineros, hasta debajo de las piedras, para ver de comprar un vestido bonito a nuestra prima de riesgo, pero no consiguen ponerla guapa y continúan forzándonos en acudir a las rebajas una y otra vez.

Ahora los últimos síntomas de la fiebre reformadora, parecen apuntar a las Juntas Vecinales, como otro de los causantes de los males del país, o esa es la escusa, y podríamos estar asistiendo a los anuncios de la muerte de esta institución tan nuestra,

Cuando otras regiones hablan de su "hecho diferencial" a nosotros nos da por debatir cuanto de diferentes son, sin parar a pensar que nosotros también tenemos nuestras diferenciaciones.Y uno de nuestros hechos diferenciales, son las Juntas Vecinales.

Durante siglos, en Castilla y León, la Junta Vecinal ha sido la forma de administrar los bienes del común, de dar forma a la convivencia en aquellas comunidades de villa y tierra, que fueron la semilla de nuestros pueblos y ciudades.

Y durante siglos se ha demostrado eficaz esta vieja institución, administrando con el sentido común de las gentes de éstas tierras.

Parcelas del común, suertes de leña, pastos, cotos de caza, trabajos en hacendera, montes, todo esto y más ha sido administrado en estos concejos abiertos, de una de las formas más democráticas conocidas.

Las Juntas Vecinales han sido vitales para la conservación de nuestro medio ambiente, administrando perfectamente su territorio.

Por otra parte esta institución no cuesta dinero, sus cargos no cobran absolutamente nada, sus sedes son viejos edificios que las albergaron desde siempre, sus coches oficiales, despachos, consejeros, sencillamente ni existen ni se les espera, los cargos de libre designación, son unos vecinos que se toman la molestia de trabajar por el bien común de forma gratuita.

Así que resulta difícil saber qué es lo que el gobierno piensa ganar de este atropello, como no sea el disponer de los bienes de los que las juntas son titulares, para hacerlos dinerito contante y sonante.

Por tanto ahora nos toca defender de forma gallarda lo que, si lo perdemos, tendremos que lamentar largamente.

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