El Dominio del MONASTERIO DE SAHAGÚN EN EL SIGLO X Cap. 1

Por José Mª. Mínguez Fernández

Capítulo 1, LA VEGETACIÓN: UN PAISAJE NATURAL 

Campos de Villada. FOTO:ismael fernández álvarez 

A escala histórica del hombre sobre el medio natural en el que habita se ha manifestado mucho más eficaz que los agentes erógenos y erosivos de toda naturaleza. Y esto, tanto por las transformaciones que ha impreso en el paisaje, como por la rapidez con que las ha verificado. A medida que los hábitos alimenticios y las estructuras socioeconómicas y políticas han ido evolucionado, ha evolucionado también el medio rural donde estas estructuras se han desenvuelto. 


Pozo de Urama. FOTO: gulliver.viajero
Si bien es cierto que sería un grave error montar un estudio de economía agraria de la Alta Edad Media sobre el supuesto de la semejanza entre el paisaje del siglo X y el actual, también es cierto que es sumamente difícil determinar con exactitud la extensión ocupada por la masa boscosa durante los primeros siglos medievales.

Grajal de Campos. FOTO: esquer01
 La documentación de esta época mantiene una desalentadora reserva; la Arqueología que, aplicada con el rigor y el refinamiento de que es susceptible, podría contribuir en algunos casos a la solución de este problema, no ha despertado, inexplicablemente, el menor interés en la inmensa mayoría de los investigadores españoles.  De ahí que me vea obligado a tantear las escasas y no siempre seguras indicaciones que ofrece la microtoponimia actual, las noticias excesivamente parcas de algunas fuentes literarias y algunas alusiones que aparecen en la documentación de esta época con el fin de aproximarnos a lo que debió ser la realidad de la vegetación del siglo X.

Monte de Bercianos en primavera. FOTO: anónima. 
 La característica más visible del actual paisaje de la amplia llanura que se extiende del Esla al Cea y de éste al Carrión es la de una inmensa monotonía con más del 80% de su extensión dedicada al monocultivo cerealista; monotonía solamente interrumpida por los contrastes de color entre las hojas cultivadas y las de barbecho, por las pequeñas –cada vez menores-- extensiones de viñedos y por las franjas verdes de arbolado y de huertos que suelen ceñirse al curso de los ríos. Las manchas boscosas o de monte bajo, muy reducidas en la zona del Páramo, son prácticamente inexistentes en Tierra de Campos.

 El paisaje actual es el resultado de un proceso roturador de gran amplitud histórica que se inicia en tiempos remotos y se prolonga hasta nuestros días a través de fases o ciclos de mayor, menor o nula actividad.  Desgraciadamente nadie ha estudiado todavía estos ciclos que tan íntima conexión guardan con los más importantes fenómenos económicos y sociales de nuestra historia.

 Quintos con leña para la hoguera de San Roque.
 Calzada del Coto.FOTO: anónima
  
 Ciñéndome únicamente a las zonas que sirvieron de asiento al dominio monástico objeto de mi estudio, se puede apreciar todavía hoy un contraste bastante marcado entre el paisaje vegetal de Tierra de Campos a lo largo del Valderaduey y del Sequillo y el paisaje del Páramo detrítico a lo largo de la línea Sahagún-Calzada.Villamuñío y Sahagún-Bercianos-El Burgo Ranero.  En Tierra de Campos domina la más impresionante monotonía cerealista fruto de las más despiadadas roturaciones; en los 35 Kms., que separan a Sahagún de Villavicencio o en los 22 kms., que dista el mismo de Boadilla de Rioseco no se percibe desde la carretera la menor reliquia del bosque que tuvo una indudable importancia en la antigüedad; por el contrario, basta asomarse al escarpe sobre el Cea, desde el que se domina la extensa vega, para apreciar a lo lejos y ya en pleno Páramo una gran mancha forestal de encina y de roble que se extiende por todo el horizonte a lo largo del enorme término de Calzada y del de Bercianos; hacia el oeste el bosque disminuye rápidamente; las últimas manchas forestales son el monte del Hermanillo al oeste de Calzadilla, el de Valdematas entre Calzadilla y Bercianos y el Monte Calzada al noroeste de Gordaliza; a partir de aquí, hasta el Esla, el paisaje vuelve a una monotonía similar a la de Tierra de Campos.

 Monte Calzada y Valdelocajos. Camino de Santiago.
Que el bosque debió ocupar muchas zonas que actualmente están dedicadas al cultivo, es indudable; sólo así es posible explicar el brusco contraste, sin transición, sin matizaciones entre el bosque y los cultivos que se aprecia en muchos lugares; en otros sí existen áreas de transición pero están constituídas por tierras abandonadas temporalmente como eriales para pastos o por tierras donde la ausencia prolongada de cultivos ha permitido ya el inicio de una repoblación espontánea del bosque.

El Burgo Ranero...desde el alto el Gurgú.
 Nada similar existe actualmente en la zona más occidental de Tierra de Campos donde el monocultivo cerealista se prolonga sin solución de continuidad. Hay testimonios, sin embargo, de que en épocas relativamente recientes aún existían masas boscosas que hoy han desaparecido; así por ejemplo, en el Diccionario de Tomás López, se reseña la presencia de un monte de encina entre Villada y Grajal --“Monte de Grajal”-- y otro pequeño monte entre Villada y Pozo de Urama –“La Mata”—


 Villamoratiel de las Matas. FOTO: JOSEANGELLEON
1. Sin embargo, parece ser que la Tierra de Campos, ya durante la dominación romana, ofrecía un paisaje más abierto, en contraste con los páramos; quizás porque estas tierras, suceptibles de rendimientos más elevados, han sido objeto desde antiguo de roturaciones más amplias y continuadas. Höpfner, apoyado en fuentes romanas, llega a la conclusión de que “en la región de los vaceos, especialmente, había suficiente tierra libre y descubierta, el mejor país trigueño”; y añade más adelante: “Como sucede hoy … el paisaje de la región de las arenas y de los valles debieron ser dominio de la estepa herbácea que se desarrolló en tiempos posteriores en lugar del bosque allí existente”.  

Monte de Bercianos y rastrojera
La existencia de estas zonas ampliamente abiertas, sin árboles, explicaría el que la caballería de los vaceos pudiera obligar a Lúculo a abandonar Pallantía


2. En contraste con las campiñas, “en los valles de los ríos, en el dominio de la meseta calcárea y en los mismos cerros calcáreos apenas había más que bosque”


Laguna Piedras Negras al fondo matas
de monte bajo entre Villacintor-Calzadilla.
3. Si bien Höpfner se refiere expresamente a los páramos calcáreos, es indudable que esta afirmación es igualmente válida para los páramos detríticos del norte y oeste de la actual Tierra de Campos. La cicrotoponimia actual puede ofrecer indicios, no muy seguros, es cierto, que apoyen las conclusiones del autor alemán. Examinando las hojas 195, 196, 233 y 234 del Topográfico Nacional y tomando el río Cea como divisoria entre Tierra de Campos y Páramo Leonés, he observado la existencia de unos 50 topónimos en el Páramo y unos 25 en Tierra de Campos que atestiguan la antigua presencia del bosque o del monte bajo. . En el Páramo existen siete referencias a monte (Santa María del Monte, el Monte, Camino del Montero, el Montico, etc.), diversas referencias a especies arbóreas: encinas 2, roble 3, olmo 2, fresno 1, requejo 1, rebollo 5; referencias a monte bajo (Valdespino, Villamoratiel de las Matas, camino del Motorrico, laguna del Espino, camino del Requejillo, etc.); otros topónimos hacen referencia ilndirecta a la existencia de un tipo determinado de vegetación: Val de abejas a ciertas especies de monte bajo como son el romero y el tomillo; picón, Carbonero, El Quemao, en relación todas con el carbón vegetal; otras son consecuencia de la actividad roturadora de siglos pasados; arroyo de las Roturas y posiblemente el de Valdecalvo; finalmente algunos topónimos aluden a una actividad ganadera que implica, muy probablemente, la existencia de amplias zonas de monte y de considerables rebaños, quizás comunales: El Redondal, El Corral –tres menciones—Los Bebederos, la Majada, etc.

 A parte de los topónimos de poblados y de arroyos, todos los demás que he seleccionado corresponden en la actualidad a pagos de cultivo donde no existe ya ningún tipo de especies arbóreas o de monte bajo. No hay que subestimar, sin embargo, la extensión que las zonas boscosas ocupaban antiguamente en la Campiña. De hecho, la toponimia ha dejado, lo mismo que en el Páramo, huellas importantes.

El viejo alambique de Villacintor. FOTO: Bous.
Valdelocajos y monte de Bercianos. En Plena Ruta Jacobea.  
Los topónimos son similares a los encontrados en el Páramo. En efecto, he encontrado topónimos que hacen referencia a monte, olmo, rebollo, carrasco, haya, encina álamo; a distintas especies de monte bajo: Espino, Escobar, Carrasquilla, Juncal: a actividades roturadoras: Picones, Roturas: o ganaderas: Corralón.

La densidad de este tipo de topónimos es sensiblemente inferior en Tierra de Campos –ya he dicho que la relación es de 25 a 50--; pero el tratar de forzar conclusiones de estos datos numéricos sería exponerse a graves errores. La presencia de estos topónimos arguye indudablemente a favor de la existencia de las correspondientes especies vegetales en épocas anteriores a la actual; pero, ¿cuál era la densidad de estas especies?, ¿cuándo se formaron estos topónimos? La respuesta sólo podrán ofrecerla estudios muy monográficos, todavía inexistentes por desgracia, y que se salen del marco de mi trabajo. Es necesario acudir no sólo a la documentación, sino también y sobre todo a las fuentes literarias; pero aquélla y éstas coinciden en una cosa, en no ofrecer muchos datos que puedan ser aprovechables. Don Juan Manuel, en el Libro de la Caza, se refiere a “los enzinares demayorga e de vilalpando”


4. De Tierra de Campos dice el Codex Calixtinus que “lignis tamen est desolata”
 Los huertos y el alto el Hermanillo al fondo. Calzadilla de los Hermanillos  


5 aunque la abundancia de carne, leche y miel puede constituir una referencia indirecta a la existencia de monte bajo

  6. Por lo que respecta a la vega del Cea, queda atestiguada la abundancia de vegetación, esta vez de tipo ripícola: Carlomagno y Milón buscan a Aigolardo y lo encuentran “in terra que dicitur de Campis super flumen quod dicitur Ceia, in pratis, scilicet in obtimo et plano loco, quo postea beatorum martirum Facundi et Primitivi basilica….fabricatur (…) Tune astiterunt quídam ex christianis, qui sero ante diem belli armabellica sua studiosissime preparantes, astas suas erectas infixerunt in terra ante castra, in pratis videlicet iuxta prefatum fluvium, quas summo mane scorticibus et frondibus decoratas invenerunt….absciderunt eas prope terram et radices que remanserunt in tellure in modum perticam ex semana postea generaverunt nemora, que adhuc in illo loco apparent. Erant enim illorum multe aste de lignis fraxineis”
Palomar en Valdespino Vaca. FOTO: 900S 




7. Con este testimonio concuerdan las Crónicas Anónimas de Sahagún, cuya versión original latina, desconocida, es posible que se remonte a los años centrales del siglo XII. En ellas se dice que el abad “beia aun, lo qual non sin gran angustia de su corazcon ver no podía, los mui largos olmos ser cortados, e los grandes fresnos ser arrancados, e todo el monte ser derraigado, e sin su consejo, en medio del monte, ser aparejados barbechos para sembrar”


Matas entre Villamuñío-Villacintor-Calzadilla.
8. Es curios que los testimonios citados hacen referencia, sobre todo, a la vegetación climax de esta región, comprendida la vegetación de tipo ripícola, como son los olmos y los fresnos. Estas especies, junto con los álamos y sacuces se dan “en riberas no salobres, allí donde lleguen las filtraciones de los ríos, es decir, en las terrazas más bajas, con frecuencia encharcadas a causa de la característica indecisión de los cursos fluviales”


9.  Particular importancia debieron adquirir en la vega del Cea en la que todavía existen, junto al curso fluvial, ejemplares de estas especies en medio de importantes masas de chopos de reciente plantación. También existieron, sin género de duda, en muchos de los valles del páramo detrítico, algunos de los cuales recibieron su nombre de las especies predominantes; así, por ejemplo, el ya repetidamente mencionado Valle de Fraxeno que aparece con frecuencia en la documentación de Sahagún, el Valle de Salices o el Valle de Olmos.
Villamuñío. Típica construcción en el Páramo Leonés.FOTO: flix films  

 1. “Se advierte que entre Villada y Pozurama, camino recto a el Oriente, está la Matha, ó monte pequeño propio del Marqués de Tabara, conde de Villada (…). También se previene que entre Villada y Grajal, camino recto á el Monte, hai un monte pequeño, que se llama monte de Grajal” (López, T., Diccionario geográfico de España, Biblioteca Nacional, manuscrito 7305, fol. 735; en el fol. 736 vienen representados gráficamente estos montes).
 2. Höpfner, H., “La evolución de los bosques de Castilla la Vieja en tiempos históricos. Contribución a la investigación del primitivo paisaje de la España central”. Estudios Geográficos 56 (1954) 419 ss.
3. Ib., 419.
4. JUAN MANUEL, infante, El libro de la caza, ed. De Castro y Calvo, J. M. (Barcelona 1947).
5. Liber Sancti Jacobi. Codex Calixtinus, ed. De W. Muir Whitehill (Santiago 1944), liber quartus, cap. VII, 359.
6. Ib. 7. Ib. Historia Turpini, cap. VIII, 308.
8. Crónicas anónimas, ed. De J. Puyol, Boletín de la Real Academia de la Historia 76 (1920) 351. 9. PLANS, P., La Tierra de Campos, 239.

  POR…. José Mª. Mínguez Fernández

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