Quintana del Monte, Tierra de Barros

Un cuento de Milagros Cerezal Caballero


Había una vez hace algunos años un pueblo en medio de una comarca leonesa llamada: Tierra de Barros. 


Se debía este nombre al hecho que sus habitantes hacían las casas con adobes, que no es otra cosa que la amalgama de barro: 
tierra, agua y paja.

El pueblo estaba cuajado de chiquillos que eran la alegría del lugar. La palabra supermercado, nevera, fruta... no existían para 
tales moradores.

Cuentan que ese pueblo era riquísimo no en el tema económico, si no en los distintos aspectos que la madre tierra les ofrecía con sus salvajes frutos, tal como si fuese un paraíso terrenal.

 Eran conocedores de todos los productos que la Naturaleza les brindaba.

Los/as chiquillos/as formaban pandillas y cual mariposas por campos y huertas en arbustos espinosos, no les era impedimento la vendimia, así se hartaban de: endrinos, majuetos, tallos de rosales silvestres, tallos de las zarzamoras, moras agabanza las cuales lavaban muy bien todo ello: fuente inagotable de vitaminas.
 
La Naturaleza tambien les brindaba: las hogacetas( fruto de la malva), las acederas, los pitruelos que sacando la cebolla con un palo cual hazada, agujereaban la Era de Abajo y otros lugares que hoy sirven de temas de referencia, recordando aquel pueblo que dicen aún existe y está encantado porque los recuerdos del pasado lo mantienen vivo en la memoria de quienes un día formaban parte de aquellas pandillas de mariposas voladoras.

...y colorín colorado el cuento de las mariposas con muchisimo amor de mi parte para vosotros/as ha terminado

Milagros Cerezal Caballero


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