Visto para sentencia el juicio por un accidente que costó la vida a dos jóvenes

FUENTE: LA CRÓNICA DE LEÓN y DIARIO DE LEÓN

El conductor del coche que sufrió un accidente de tráfico en el que fallecieron dos jóvenes, Ana Isabel, de 22 años, y Sara, de 18 años, el 9 de septiembre de 2007 reconoció que conducía en torno a los 140 km/h en una vía cuyo límite es de 80 km/h.
Foto: Diario de León

El Juzgado de Instrucción número 4 acogió el lunes un juicio de faltas que quedó visto para sentencia y en el que el Ministerio Fiscal solicita dos meses de multa a 10 € diarios (600 €) y la retirada del carné de conducir durante un año, mientras que la acusación reclama dos meses de multa a 20 € (1.200 €) y un año sin carné y la defensa absolución o, en todo caso, una multa de 8 € diarios durante un mes.

El fatídico suceso que dejó consternada a la comarca de Sahagún se remonta al 9 de septiembre de 2007 en el kilómetro 20,6 de la autovía León-Burgos. El único imputado, el conductor que en el momento de los hechos tenía 20 años y carné desde los 18, admitió que adelantó a un camión y que pensaba seguir recto pero que, finalmente, tomó el carril de desviación tarde, en torno a los 140 km/h y sin ver el límite de 80 km/h. El turismo, en el que viajaban cinco jóvenes, se salió de la vía por el margen derecho en dirección a León, impactando contra el talud y volcó.
«Acababa de adelantar a un camión, iba a unos 140 kilómetros por hora, y decidí abandonar la autovía (A-231 León-Burgos) por la desviación a Mansilla. En vez de coger el carril a su debido tiempo, fue más justo y nos salimos». Con esta confesión, el joven acusado del accidente ocurrido el 10 de septiembre del 2007, en el que fallecieron Ana y Sara, reconoció ayer ante la jueza de Instrucción número 4 de León que el exceso de velocidad originó el siniestro mortal.
Diego, de 24 años, admitió a preguntas de su propio letrado defensor, que no había visto el cartel que limitaba a 80 kilómetros por hora la conducción a la entrada de la curva porque, en principio, tenía intención de continuar recto por la autovía, aunque luego cambió de opinión y realizó el giro. Explicó también que el Renault Megane que pilotaba ese día poseía 200 CV de potencia y que conocía el lugar donde se registró el fatal accidente porque había pasado por él varias veces tanto con su turismo como con una furgoneta.


Estimaciones.

El guardia civil que levantó el atestado calcula, sin embargo, que la velocidad a la que el joven entró en la curva era superior, «oscilaría entre los 170 y 180 km/h, no se pudo medir, pero baso la estimación en mi experiencia y en el estado en el que quedó el vehículo», comentó. Una versión que comparte el copiloto, quien señaló que el día de autos circulaban entre 150 y 180 km/h. «Sé que era una velocidad alta (sin ver el cuentakilómetros) porque soy conductor profesional», indicó. Este pasajero recordó, además, que las jóvenes fallecidas habían pedido a Argüello que «fuera más despacio».

El juicio quedó visto para sentencia en media hora. La fiscal solicitó una condena para el joven de un año de retirada del carné de conducir y multa de 600 euros, mientras el letrado de los padres de Ana Isabel Buiza (promotores de la denuncia que llegó a juicio) pidió un año sin permiso de conducir y multa de 1.200 euros. «Es increíble lo que sucede con los casos de tráfico, un control rutinario de alcoholemia conlleva más pena que la solicitada para este conductor», señaló.

Pésame.

El abogado defensor reclamó la absolución para su cliente al estar casi prescritos los hechos, o en su caso una pena de 240 euros. En su alegato, insistió en que el origen del accidente fue un exceso de velocidad que tuvo «un resultado desafortunado». Aseguró que tanto él como el joven lamentaban los hechos, mostró su pésame a las familias de ambas víctimas y las animó «para que la vida siga. No estamos exentos ninguno (de sufrir una desgracia), pero la ley es la que tenemos y ésto es una imprudencia leve», dijo.

Por su parte, el acusado aprovechó la oportunidad que le brindó la jueza para expresar al final de la vista oral que «al igual que todo el mundo, yo también lo sentí porque eran mis amigas».

Los padres de Buiza, que residen a caballo entre Sahelices del Río y Lasarte (Guipúzcoa), recibieron el apoyo de la delegada de Stop Accidentes en el País Vasco, Rosa María Trinidad, una psicóloga y dos matrimonios de la organización que perdieron a sus hijos en accidentes de carretera. Consideran que es «una injusticia social que no se juzgue el caso por la vía penal como un doble homicidio imprudente, lo que demuestra lo barato que son dos vidas y no hay derecho». Trinidad reclamó «un poco de humanidad por parte de los jueces para que las víctimas de la carretera dejen de ser víctimas de tercera. Es hora de poner nombre a esos causantes».

Stop Accidentes impulsa una campaña para que se creen servicios de asistencia a las víctimas en cada provincia. Al juzgado también acudió Pilar, la madre de la otra joven fallecida, que en su día, optó por no denunciar al conductor.

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